Tuesday, January 4, 2011

Opuestas oposiciones:

nuevos parlamentos en Caracas y en Washington

 

Las políticas venezolana y norteamericana se mueven en movimientos pendulares entre oposición y gobierno, entre demócratas y republicanos. Si bien esos péndulos tienen sus propios ritmos, a veces coinciden. Como en estos días de nueva década, cuando ambos carismáticos y revolucionarios presidentes enfrentan por primera vez a un congreso enemistado, donde la oposición ha terminado con la -quizás única- ilusión compartida y lograda por Obama y por Chavez, el gobernar con mayoría congresal.


Lo que hace interesante al momento actual es que ambas administraciones empezaron sus períodos con inmenso apoyo popular e internacional. Basta revisar la prensa internacional de hace diez años, cuando hasta el Economist celebraba aun los éxitos electorales del chavismo, con mínimas críticas entre lineas. La luna de miel entre el mundo y  Obama también parece cosa del pasado, aun con sus éxitos de último momento en el congreso, donde importantes piezas de legislación pasaron en las últimas sesiones del año pasado. Estrategia también escogida por Chavez, quien en las últimas sesiones del congreso ha exprimido hasta la última gota del poder que aun tiene para legislar. Una cosa es cierta: ni Chavez ni Obama saben con seguridad que clase de animal será el próximo congreso, y ambos se han apurado a pasar leyes y decretos inpasables en los congresos que empiezan a funcionar este año.


En todo caso ya sabemos que los presidentes amenazados por una derrota electoral y la pérdida de poder consecuente, hacen lo posible para perpetuar sus programas mas queridos. Nada demasiado extraño entonces entre este nexo Obama y Chavez. Menos obvias son las semejanzas entre los movimientos que los oponen. Para sus enemigos políticos mas rábidos, tanto Obama como Chavez encarnan a la "amenaza comunista". Cualquiera que siga las diatribas de los líderes populares del Tea Party o del anti-chavismo, ha oído repetidamente que ambos líderes intentan replicar el estalinismo -o castrismo- mas salvaje. Sin entrar en la precisión de tamañas acusaciones -mas estridentes cuando vienen de personas que nunca en su vida han experimentado nada similar a los horrores del Gulag o del Morro- es interesante considerar que ambos presidentes, en principio "de izquierda", se enfrentan a una oposición muy diferente. Mientras la base opositora a Obama encuentra su fuerza fuera de las grandes ciudades, en el segmento de clase media/media-baja; la oposición a Chavez tiene las mas de sus simpatías en la clase media/media-alta y urbana. Quizás esta diferencia sea el mejor ejemplo del poder de las ideas, reales o imaginarias: Los éxitos electorales tanto de Obama como de Chavez jamás se han basado en el trayecto previo de estos líderes, sino en sus incomparables dotes oratorias, en las ideas con las que han logrado electrizar a sus países. Antes de ganar su primera elección el curriculum de Chavez contaba con un golpe de estado fallido y una frase demoledora. El curriculum de Obama, a su vez, contaba con tres grises períodos en el senado de Illinois, mas un espectacular discurso en la convención demócrata de 2004. Ambas oratorias, si bien en diferentes contextos, fueron capaces de movilizar un apoyo popular casi sin precedentes. Y ahora, ambas oratorias energizan a una oposición vibrante.


Siendo ambos presidentes mas o menos de izquierda, cabría esperar entonces que el signo político de sus oposiciones sea la derecha. Pero ahí se acaban las similaridades entre Obama y Chavez. La oposición venezolana es un conglomerado de muchos colores políticos. Chavez rompió con la estructura tradicional de la política venezolana, tradicionalmente dominada por social- y cristiano-demócratas, quienes hoy por hoy se reúnen con representantes socialistas, neoliberales y ex guerrilleros. Si Chavez representa la antipolítica suramericana que acusa y rechaza a cualquier compromiso como herramienta de gobierno, la oposición al chavismo ciertamente intenta lo contrario. Al otro lado, el Tea Party es la encarnación misma de la antipolítica, que luego de azotar el sur de las Américas, parece haber llegado a Washington. Así como variadas son las ideas de la oposición venezolana, las ideas del Tea Party son homogéneas y coherentes, aun cuando en si mismas imposibilitan el acto político fundamental, la búsqueda del compromiso. Por supuesto, es difícil hacer carrera política contra un personaje, para luego colaborar en el congreso. Quizás esta sea la lección mas difícil de aprender para la naciente oposición venezolana en el parlamento. El Chavismo llego a Venezuela hace ya una década y aun cuando disminuido, es aun la fuerza política predominante del país. Si la oposición quiere progresar, ha de lograr acuerdos con el Chavismo, y eso le va a costar la popularidad en los sectores mas radicales de su base. Las capacidades equilibristas de estos parlamentarios estarán, en los próximos meses, en la mira de toda la venezuela política y de tantos otros que desde afuera, tratamos entenderla.


Así que mientras al norte la oposición ha ganado su poder renegando del consenso de Washington, repitiendo de hecho, el acto chavista desde la derecha; en el sur la oposición ha ganado sus votos tratando de mostrar una unidad supra-ideológica que hasta parece de Obama. Si las políticas venezolanas y norteamericanas son péndulos, estos están, a pesar de la aparente sincronía ideológica de los presidentes elegidos, en total oposición.


Tanto las ortodoxias marxistas como las capitalistas ven a la historia política como una eterna progresión hacia sus propios ideales, ya sean comunitarios o individualistas. Aquí es mas útil -quizás de manera menos emocionante, pero mas descriptiva- describir a la política mas como a un péndulo que como una escalera. Los países y sus líderes reaccionan a su pasado, las mas de las veces oponiéndolo. La revolución de Obama, su emocionante retórica de esperanza y capacidad ha generado una virulenta reacción, tanto como el carisma Chavista ha unido a sectores muy heterogéneos en su contra. En este momento, cuando finalmente ambas reacciones tienen acceso a una cuota de poder político, me pregunto entonces que países intentaran -y podrán- construir estos movimientos, hasta hoy definidos por su virulenta oposición al previo ganador. El principio de la respuesta? este mismo mes.

 
 
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